OPINIÓN
El nuevo caudillismo ecuatoriano
Por Dr. José Elías Rodríguez B
El caudillismo es un fenómeno político y social que consiste en la llegada de un líder carismático cuya forma de acceder al poder y llegar al gobierno está basada en mecanismos informales y difusos de reconocimiento del liderazgo por parte de las multitudes, que depositan en el caudillo la expresión de los intereses del conjunto y la capacidad para resolver los problemas comunes. El caudillismo fue clave para las dictaduras y luchas entre partidos políticos de pasadas décadas. El poder de los caudillos se basa en el apoyo de las masas populares. Este apoyo popular se torna en su contra cuando las esperanzas puestas en el poder entregado al caudillo se ven frustradas, y se decide seguir a otro caudillo que logre convencer de su capacidad de mejorar el país.
Este fenómeno en algunos casos desembocó en fuertes dictaduras, represiones a la oposición y estancamiento económico y político, pero en otros canalizó proyectos de desarrollo autónomo, frente a las expresiones políticas nacionales.
Las causas del caudillismo son principalmente la ausencia de consenso político y las teorías de gobierno utópico. Los principales partidarios de los caudillo son los miembros de su entorno más cercano que se aseguran un flujo de dinero por su esfuerzo de encumbrar al caudillo de turno y este se comprometía a darles beneficios.
El caudillismo se desarrolló principalmente en Ecuador con el Velasquismo, el Roldosismo, etc.; pero no completamente ya que sufrió ciertos detalles a partir de su desarrollo que no fueron siempre positivos.
La inestabilidad política actual es consecuencia de cómo fue organizado el Estado al nacer la Constitución del 2008, sin base nacional, y también debido a los sucesivos años de enfrentamientos políticos presididos por la Revolución Ciudadana. De esta forma, el estado se constituyó sobre una base inconsistente, sobre un Estado embrionario, desorganizado económicamente, caótico en el orden político y sin planes de gobierno que sigan disciplina y orden. Por esta razón, la democracia no es totalmente efectiva y se realiza un uso inadecuado de las conquistas, en vez de un correcto uso de la libertad.
El orden impuesto por la fuerza dentro del caudillismo ha quedado como herencia. Además, ciertas características “caudillescas” prosiguen hasta la actualidad. El caudillo, que busca gloria y poder, intenta con sus obras ganarse la simpatía de la población y desprestigiar al máximo a otros gobiernos; así, quiere recuperar y reorganizar el gobierno a su antojo y considera como malo todo lo que otros gobernantes hagan o dejen de hacer. Hoy en día, se quiere desprestigiar al gobernante de turno aunque aquel haya sido gestado por sus propios intereses y lo abandonan, buscando el propio beneficio, o tal vez como una estrategia para su obligada participación en las siguientes elecciones.
Por otro lado, es importante resaltar que, al hablar de caudillismos se habla también de consolidación de fuertes regionalismos, que mermaron el casi inexistente estado-nación. Así, hoy en día aún existen algunos de esos fuertes regionalismos, que, a pesar de no ser una consecuencia directa del caudillismo, ayuda a que se solidifique algunos de ellos. Por esta razón, algunas veces planes unificadores resultan insostenibles.
Los caudillos expresan intereses nacionales combinados con sus ambiciones personales. Los caudillistas se forman imponiendo sus reglas. Los caudillos se siente omnipotentes, dueños de la verdad y la realidad del país y sin ellos en el poder los estados son fallidos e inconstitucionales, sin la presencia del caudillo sus seguidores son una masa sin brújula o camino a seguir, pierden su voz, pero más que nada su identidad.
