OPINIÓN
Elecciones en México 2018: Festejo con sabor a tragedia
Elecciones en México 2018: Festejo con sabor a tragedia, el proceso electoral visto desde una lectura a la inestabilidad política en Ecuador
En nuestras realidades de países sudamericanos, a veces, estamos tan ansiosos y ansiosas, que pensamos que el período presidencial marca un antes y un después, un momento de “ruptura”, inocentemente confiamos en que tenemos la verdadera y genuina capacidad de decidir por el destino y el futuro, de nosotras, de nuestros pares, de nuestra tierra. Luego con el pasar de los años poco a poco la democracia representativa por sus concepciones mismas, se encarga de des-encantarnos por partes. Incluso surge el curioso, pero no ajeno, caso de gente que en épocas electorales fueron férreas defensoras de las agendas y programas políticos de tal o cual partido político luego transitan lentamente para convertirse en aquella tan mencionada “oposición”.
Desde la realidad político gubernamental de nuestro querido territorio arbitrariamente denominado Ecuador, hemos podido palpar con lujo de detalles, este tipo de encanto y desencanto, el enamoramiento que nos ha legado una tradición política presidencialista orientada en el populismo y la demagogia política, posterior a esto, palpamos también la debacle de aquellos personajes que alguna vez pusimos en altares.
Las elecciones en México traen algunas lecturas que surgen de manera interesante en todo el enramado político social de nuestro hermano país. Por su concepción misma se ha manejado un discurso que independientemente de su orientación “política” ha transformado a este proceso electoral como un hito histórico, se retrata un proceso electoral donde hay una vaga noción de participación ciudadana, principal herramienta de los gobiernos populistas y supuestamente de “izquierda” para construir en el imaginario de los y las desposeídas la falsa idea de tener voz y acción en los altos aparatos estatales. La lista nominal de votantes fue ampliada a 89 millones de votantes, el mayor número de la historia.
Desde nuestra experiencia política en el Ecuador hemos podido ver las falencias y trastrabilleos que la democracia burguesa con cualquiera de sus adaptaciones y malformaciones nos ha traído, no nos han dejado más que el conformismo y la resignación, sin extendernos en la profunda decepción. Nuestra realidad ha sido lentamente moldeada para llegar a un punto sin retorno, donde constantemente nos encontramos delegando nuestro voto, a aquel candidato que reconocemos como el menos malo, o el que menos roba. A qué punto de supuesta “participación” hemos llegado, en el cual el destino y transitar político económico y social de todo lo que realmente nos compete esta entregado a un grupo político que lo único que ostenta es el ejercicio sistemático del poder y el capital en todas sus aristas, dejando a un lado u omitiendo, lo comunitario, lo colectivo, aquel maltratado y olvidado Sumak Kawsay (buen vivir).
A veces los azares folclóricos o culturales de nuestros propios contextos nos obligan a vivir una supuesta fiesta “democrática”, en donde celebramos con alegría el triunfo de tal o cual candidato o programa político. Detrás de esto, se encuentra la tragedia, el despilfarro, el atropello a los derechos humanos y de las comunidades autónomas.
Vivimos en el seno del capitalismo, por más que aquellos planes y programas gubernamentales nos presenten y se vanaglorien de discursividades de izquierda y de progreso, hay que visualizar el panorama en gran escala, es posible presentar gobiernos que den mayor espacio para la noción de lo público por encima de los sectores privados, pero esto no resuelve ni visualiza las problemáticas que surgen en el enramado social, más bien las omite.
Las políticas que giran en cuanto al extractivismo y la explotación de la tierra y de sus recursos, es algo que los gobiernos de izquierda que han surgido en la última década en nuestros territorios no han podido transformar, en el caso del Ecuador hemos visto lentamente como nuestra tierra va siendo concesionada a diferentes transnacionales con distinta proveniencia y distintos intereses. Cuando hay un sistema de explotación e injusticia, no basta con cambiar el verdugo, hay que cambiar la estructura en sí mismo.
Hemos visto como espacios gubernamentales que en su discurso velan por los derechos humanos, en la práctica hacen ejercicio legítimo de la violencia y la represión llegando a utilizar las ejecuciones y la desaparición de activistas y luchadores sociales como herramienta para mantener el status quo, basta con regresar a ver el caso de Ortega en Nicaragua o de Maduro en Venezuela.
En el caso del hermano territorio de México, la situación de DDHH, es algo que no se puede dejar de lado, los números de muertes y desapariciones acumulan niveles preocupantes en el país. Según la plataforma virtual La Tercera, el contexto electoral de este año en México es el suceso que más muertes en la historia ha dejado, Solo en abril han muerto asesinadas 2.720 personas, esto supone 90 al día. Y entre enero y ese mes, fallecieron en las mismas circunstancias 10.395, según las cifras que ha publicado el gobierno.
Estas estadísticas reflejan los verdaderos intereses de los gobiernos (sea cual sea su programa), en ser cómplices del sistema de represión en el que vivimos, cuando nos preguntamos ¿por qué los números de desaparecidos crecen más bajo estos supuestos regímenes democráticos que en regímenes de dictadura?
La tragedia es una cosa que se ha vuelto cotidiana, pero no debemos dejar que sea algo común, no debemos permitir que estos círculos de poder transformen en frías estadísticas a nuestros hermanos y hermanas que se han ido, las muertes y las desapariciones nos duelen a todas, por eso es necesario decir, mientras haya tragedia, no habrá festejo.
Fuentes:
https://www.latercera.com/mundo/noticia/mexico-ano-electoral-mas-letal-90-asesinatos-al-dia/175232/
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-43578377
Redacción:
Mateo Velástegui
Historia desde Abajo Radio